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Prólogo a la Novena en honor de la Virgen del Prado

(Autor: Don Aurelio Pérez, cura párroco de Valderrebollo durante 21 años)

       Decía San Anselmo, que así como parece imposible se salve hombre ninguno, sin ser devoto de MARÍA, así, parece también imposible, se condene y perezca ninguno de sus devotos. Esta es la causa de que entre todos los fieles, sea tan particular y exquisita la devoción a MARÍA SANTÍSIMA y, tan innumerable el número de SANTUARIOS Y ERMITAS donde, bajo diversos nombres se tributa el culto debido a su poderosa intercesión. La diversidad de títulos provienen de circunstancias particulares, de beneficios debidos a su intercesión en tiempos calamitosos, o en desgracias y penalidades en que se ha recurrido a su celestial amparo. La Villa de Valderrebollo se gloría, con razón, de poseer una ERMITA, donde, desde tiempo inmemorial se da culto a MARÍA SANTÍSIMA bajo el nombre de NUESTRA SEÑORA DEL PRADO, sin que por su remota antigüedad, se tengan noticias exactas de su fundación, y, si fue o no aparecida su Divina imagen, según vulgarmente se cree, aun cuando yo me inclino, a que fue traída por los Templarios de Talavera de la Reina y estar situada lo mismo que aquella se halla junto a las riberas del Río Tajo y, por algunos escudos que se encuentran en esta Villa de origen Templario.

 

     Como quiera que sea, son tan singulares y milagrosos los beneficios que constantemente han conseguido de esta piadosa SEÑORA los habitantes de esta Villa y de los pueblos vecinos, como lo demostraban los exvotos que pendían de sus paredes, totalmente destrozados el años 1.936 por las hordas marxistas, que es su amparo en todas las necesidades, su consuelo en todas sus tribulaciones y objeto constante de su veneración.

 

      Deseoso yo, que he tenido la dicha, durante 21 años, de ser el párroco de esta Villa y de considerarme como hijo de la misma, de manifestar mi devoción y agradecimiento a sus muchos favores, contribuyendo según mis cortas luces a su mayor gloria, y a extender más y más la devoción de esta Sagrada Imagen, he extractado esta Novena dedicándola a Nuestra Señora del Prado.

 

       No me lisonjeo de haber sido yo el que estableció por primera vez la novena en esta Parroquia y los versos de la misma, y de haber llenado el objeto que me propuse; pero confío sí, en que los que las leyesen disimularán las faltas que encontrasen en consideración a mi piadosa intención y buenos deseos